Griselda , Chorus Girls, El quinto mandamiento.

Hannibal Lecter ha muerto. Dejar hablar a las víctimas es un cambio de paradigma.

Netflix tiene mucho material, cosas buenas y otras no tanto. Ahora mismo debo de tener como doce títulos empezados que dudo que acabe. Zapeando por la plataforma me encontré con la mini serie sobre Griselda una biopic de la narcotraficante Griselda Blanco ambientada en los años 70 y me quedé hasta el final. ¿Por qué? Pues porque tiene el atractivo de que está basado en un hecho real que desconocía, la protagonista es una mujer, antihéroe y a la vez víctima. Y una descripción del mundo, del machismo de los años setenta, muy honesto y que me resultó refrescante.

Lo mismo ocurre con la serie danesa Chorus girls en Filmin, también basada en la misma época, con la misma sinceridad y sencillez respecto al machismo, donde la línea argumental del maltrato que sufre una de las protagonistas sigue vigente.

En ambos casos es el POV de las víctimas lo que permite, curiosamente, entrar en esas crueldades sin sufrir demasiado.

No estamos hablando de la reconocida MadMen en cuya primera temporada, la descripción del machismo imperante fue descrito de una manera tan cruda y real, desde el POV del agresor, que tuvieron que «aflojar» en la segunda. Yo visioné el primer capítulo acompañada de una mujer más joven que no lo pudo soportar y le dio un ataque de ansiedad. Me sorprendió porque eran situaciones de abuso machista que yo misma había vivido, soportado, y a la vez me angustió porqué pensé: «esta gente no va a durar, no aguanta nada».

Ahora, años después, me congratulo que la llamada «generación de cristal» esté marcando tendencia. Evolucionamos. Escuchar a las víctimas, dejar que hablen nos permite revisar conductas con una perspectiva humana, no encuentro otra palabra. Lo humano, la Humanidad es quizá lo que demostramos posible cada día, con cada una de nuestras pequeñas vidas.

Otro ejemplo de esta tendencia: la serie de la BBC El quinto mandamiento en Filmin, donde conocemos y empatizamos con las víctimas que ya no son una figura dibujada con tiza en el suelo; se las dignifica de tal modo que el asesino queda reducido a lo que realmente es: un tipo cutre, oscuro, aburrido, sin ningún interés. Cualquiera puede ser presa de una alimaña, o dicho de otro modo, ser frágil no es un delito, un desmán.

EL POV de las víctimas como ocurre también en la Sociedad de la Nieve es un cambio de paradigma del que me alegro. Al antihéroe tan querido a partir de los años 70 se le ha dado una vuelta.

Haníbal Lecter ha muerto. Y sí, el Feminismo ha ayudado mucho. Gracias, chicas.