¡Eliminad al topo!

«Una vida menos en Canarias» es la serie de televisión que me había dejado para el verano. Algo ligero, entretenido, sin mucha complicación. Me apetecía no tan sólo porque tiene un muy buen título sino también porque intuí que ¡por fin! iba a ver la versión española de la serie «Crimen en el Paraíso» que ya lleva… ¿cuántas? ¿14 temporadas? y que yo estaba esperando que se produjera aquí desde hacía mucho. Es un formato de guión clásico, exportable. Y Canarias es una localización bien adecuada.
Me alegré cuando vi a Naira, Natalia Verbeke de protagonista. «¡Qué buena idea!», pensé. «¡Es nuestra Candice Renoir! «
Entre Luís y Ramón, la pareja de policías masculinos Ginés García Millán y Paco Marín hay química, ¿veremos una versión a lo «Rufufú» de «Starsky y Hutch«? …
Pronto me doy cuenta de que no. Luís es el principal y co protagonista con Naira… Entonces, la pareja es Naira-Luis… y no me cuadra mucho, entre ellos la relación parece de padre-hija…
Y tal como esperaba, los guionistas conscientes de mis pensamientos, me presentan al padre de Naira y su backstory ya en el primer capítulo: ¿un rector de universidad corrupto con una hija policía?… Una trama con mucha lana para tirar del hilo pero…. que no se desarrollará… entiendo que hay un «tema» con su padre, un complejo de Electra, ¿por? ¿para justificar la posterior relación sentimental entre Naira y Luís? o es un backstory parafraseando a «The Black List«.
Hay planting enseguida sobre la edad de Luís que se comenta como si fuese un «defecto» por parte de un integrante del equipo de policía local. Desde luego para la relación Naira-Luís así lo parece. A ese comentario que no viene mucho a cuento, se añade una réplica sobre que los canarios tienen más sexo que los madrileños. Comentario que por cierto, es la única referencia a una posible «diferencia» entre ambas comunidades, ingrediente importante en «Crimen en el paraíso».
Además, esta afirmación jocosa ¿es una estadística? ¿Hay un estudio sobre el tema?… Aunque parezca mentira para hacer creíble una ficción hay que documentarse, no se puede opinar «a lo cuñado» porque consigues la desafección del espectador.
Y no hay más información sobre las posibles diferencias de territorio. Adiós a «Crimen en el Paraíso».
Sigamos, quizá esos comentarios sobre las prácticas sexuales de la población local augure un tema de perversión sexual de algún tipo que se me escapa…
El protagonista es Luis puesto que Naira va quedando relegada. Adiós a la posibilidad de «Candice Renoir».
Luis padece acromatopsia. Bien, puede dar juego, y es más fácil de «ver» que el síndrome de Asperger en «The Bridge», pongamos por caso. Pero se utiliza bien poco.
Los capítulos transcurren con tramas de guion, de serie de detectives, impecables, como el capítulo que hace referencia a la «La isla de las tentaciones» pero con unos personajes protagonistas sin función dramática. El personaje de Naira va desapareciendo hasta el punto de que queda relegada a «enseñar las buenas tetas que tiene» a la vez que el personaje de Luis va a la deriva hasta que parece que hay un «preacuerdo» entre los guionistas para que sea el «tipo listo» como en «The BlackList», hacia el final de la serie.
Y ya da igual que esté rodada Canarias o en Alcorcón.
Resumo, los personajes protagonistas son incoherentes, con un arco de personaje a medio hacer, hay backstory pero no arco de personaje que es lo que te define realmente una serie puesto que de ahí sacas, pones a prueba, el P.OV.
El buen guionista es quién sabe atraparte, contar una historia. Las burradas siempre al servicio de la historia. La ficción precisa coherencia.
Esta mezcla de buenas ideas, cabos sueltos y falta de definición dramática de los personajes y del concepto de la serie, me hace sospechar que en el equipo de guion hay alguien, el típico saboteador camuflado, un «topo», que muy simpáticamente, debe de estar cargándose las aportaciones, criticando todo, imponiéndose con «que no cuela» por ejemplo, o «qué aburrimiento» o «no funciona» sin aportar soluciones reales. O cualquier chistecillo fácil de esos que hay que cortar de raíz antes de que se apoderen de uno. La tensión sexual no resuelta en los protagonistas no existe, la tensión la veo entre los guionistas.
Igual es una/un productor, no sé, pero me temo que topo, haberlo, haylo.
Y sí, el topo ha conseguido que a pesar de las buenas ideas, las buenas intenciones y los buenos actores, la serie acabe siendo incoherente y aburrida. Un coitus interruptus con la excelencia más.
Aviso para guionistas: recomiendo contestar las preguntas de Michael Hauge sobre el arco de personaje.