Un amor, la película de Isabel Coixet

Un amor, la película de Isabel Coixet se te queda dentro, he escuchado decir a Gemma Nierga en RNE4 y no puedo estar más de acuerdo.

Es una historia que se pega en algún punto de la psique.

Una adaptación de una novela de Sara Mesa y sí, las adaptaciones suelen facilitar el arco de personaje y permitir personajes con fondo (excepto en el guion de Across the River into the trees pero ya lo comentaré en otro post).

Un amor, la película de Isabel Coixet, es la historia de una traductora (Laia Costa) una mujer inteligente pequeña y frágil en apuros que acepta el intercambio que le propone un vecino (Hovik Keuchkerian) del pequeño pueblo. Un hombre grandote como un oso, con habilidad manual. Ambos, frágiles, necesitados, buenos y malos a la vez. Hacía tiempo que no me conmovía tanto una relación sexual tan «sin amor».

Los dos actores protagonistas consiguen que la magia se produzca. Son tan creíbles que se convierten en metáfora de nuestra propia fragil humanidad.

«La necesidad» no puede levantar el vuelo: —Es lo que hay—

Lo que me sorprendió es la actuación, y la dirección obviamente, del actor Hovik Keuchkerian y como el punto de vista de la mujer: Laia Costa, la protagonista, Sara Mesa, la autora y el de la guionista y cineasta Isabel Coixet que co guioniza con Laura Ferrero, consiguen que un hombre feo, un oso-mañoso, resulte entrañable.

Un amor «cooperante», una relación con raíces prehistóricas.

Estoy escuchando el single Shaman del músico Morse que me recuerda a ese tipo de «energía», honesta, que transmite Hovik. Hombres altos, corpulentos, osos, habitantes de bosques o de las montañas, no-clásicos, no-griegos que comparten su fuerza sin pedir más de lo que toca, a cambio.

La verdad es que, como muchos, estoy harta de narcisismos y creo que ese punto se agradece del film a pesar de la escena final…